Entre el silencio y la realidad: vapeo y el papel de la familia y la escuela

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vapeo y el papel de la familia y la escuela

En la cotidianidad escolar emerge una realidad que no puede ser ignorada: algunos estudiantes han incorporado un elemento adicional en sus morrales, el vapeador. Aunque se trata de un grupo reducido, resulta preocupante observar cómo estos dispositivos son llevados de manera discreta al entorno escolar. Cuando un docente detecta la situación y el estudiante es remitido a coordinación, su reacción suele ser de incertidumbre y temor, especialmente al conocer las consecuencias: la notificación a los padres de familia y el respectivo registro en el observador.

Más allá del hecho puntual, surgen cuestionamientos de fondo: ¿qué está ocurriendo en el ámbito familiar para que los jóvenes accedan a estos dispositivos sin que se advierta en casa? ¿Se están abordando estos temas de manera abierta? ¿Está la escuela comunicando adecuadamente los riesgos asociados? Estas preguntas invitan a una reflexión necesaria sobre la corresponsabilidad en la formación de los estudiantes.

Si bien el número de casos es bajo en proporción al total de la población estudiantil, esto no minimiza la gravedad del asunto. Ningún estudiante debería hacer uso de este tipo de elementos. Además, es importante reconocer el efecto de influencia entre pares: la presencia de un vapeador en un grupo puede incentivar a otros a experimentar con él.

Cabe preguntarse entonces: ¿responde esta práctica a una tendencia social? ¿Son conscientes los estudiantes de los riesgos que implica? ¿Se está generando un diálogo efectivo en casa y en la escuela sobre este tema? ¿Están los docentes y padres de familia preparados para identificar estos dispositivos en sus diversas presentaciones?

La escuela, por sí sola, no puede asumir esta responsabilidad. Es fundamental el trabajo articulado con las familias y con las entidades encargadas de la protección de los menores. Este es un llamado a la acción: es necesario informar, dialogar y actuar de manera conjunta. La formación integral de los estudiantes es una tarea compartida que requiere compromiso constante.

Aún más preocupante es evidenciar que estudiantes de grados inferiores están incurriendo en esta práctica sin conocer a fondo los riesgos que implica para su salud, atraídos principalmente por la variedad de formas, sabores y colores con que se presentan estos dispositivos.

La invitación es clara: como adultos, es fundamental informarnos sobre las consecuencias del uso de vapeadores en menores de edad, para abordar el tema de manera oportuna tanto en la familia como en la escuela. Solo a través del conocimiento y el diálogo podremos generar conciencia y prevenir su uso.

Por: Omaira Alarcón Millán – Rectora

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